Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Nadía, gracias al efecto bienhechor de varias horas de reposo, había recuperado sus fuerzas físicas, que el sufrimiento había podido quebrantar algunas veces, sin haber nunca abatido su energia moral. Pensaba también que en el caso de que Miguel Strogoff hiciera un nuevo esfuerzo para llegar a su meta, ella tenía que estar con él para guiarle. Pero, a medida que iban acercándose a Irkutsk, la imagen de su padre se dibujaba con mayor nitidez en su espíritu. Lo veía en la ciudad sitiada, lejos de los seres queridos, pero -y de esto Nadia no abrigaba ninguna duda- luchando contra los invasores con todo el ardor de su patriotismo.