Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Alcide Jolivet, corroborando con el olfato lo que había sentido con el tacto, ya no se equivocaba. ¡Era, con seguridad, una capa de nafta líquida que la corriente arrastraba sobre la superficie del agua!
¿Flotaba realmente la balsa sobre esta sustancia tan eminentemente combustible?
¿De dónde procedía la nafta? ¿Había sido derramada en la superficie del Angara por un fenómeno natural, o debía servir como ingenio destructor puesto en práctica por los tártaros? ¿Querían incendiar Irkutsk por unos medios que las leyes de la guerra no justificaban jamás entre naciones civilizadas?
Tales fueron las preguntas que se hizo Alcide Jolivet, pero creyó que no debía poner al corriente de este incidente a nadie más que a Harry Blount, y ambos estuvieron de acuerdo en que no debían alarmar a sus compañeros de viaje revelándoles el nuevo peligro que les amenazaba.
Como se sabe, el subsuelo de Asia central es como una esponja impregnada de hidrocarburos líquidos. En el puerto de Bakú, sobre la frontera persa; en la península de Abcheron, sobre el mar Caspio; en Asia Menor; en China; en Yug-Hyan y en el Birman, los yacimientos de aceites minerales brotan a millares en la superficie de los terrenos. Es el «país del aceite», parecido al que lleva ese mismo nombre en Norteamérica.