Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Los fugitivos, extenuados por el cansancio, se debilitaban visiblemente y estaban perdiendo la batalla. En ese momento, un grupo de diez lobos de gran tamaño, enfurecidos por la cólera y el hambre, con los ojos brillantes como ascuas en la sombra, invadieron la plataforma de la balsa. Alcide Jolivet y su compañero se lanzaron en medio de aquellos temibles animales, y Miguel Strogoff, arrastrándose hacia ellos, iba ya a intervenir en la desigual lucha cuando, de pronto, se produjo un cambio de frente. En varios segundos, los lobos hubieron abandonado, no sólo la balsa, sino también los bloques de hielo esparcidos por el río. Todos, aquellos cuerpos negros se dispersaron y pronto se hizo patente que habían alcanzado la orilla derecha del río a toda velocidad.
Es que los lobos necesitan las tinieblas para actuar y en aquel momento, una intensa claridad iluminaba todo el curso del Angara.
Se trataba de la iluminación de un inmenso incendio. La villa de Poshkavsk ardía enteramente. Esta vez los tártaros estaban allí, rematando su obra. A partir de aquel punto, ocupaban las dos orillas del río hasta Irkutsk.
Los fugitivos llegaban, por tanto, a la zona más peligrosa de su travesía, y todavía se encontraban a treinta verstas de la capital.