Miguel Strogoff
Miguel Strogoff -¡Ivan Ogareff! -gritó por tercera vez la intrépida joven, con una voz a la que el odio redoblaba la potencia.
Ebrio de furia, Ivan Ogareff sacó un puñal de su cintura, lanzándose sobre Nadia, acorralándola en una esquina de la sala.
Se disponía a asesinarla cuando el miserable, levantado del suelo por una fuerza irresistible, fue a rodar por tierra.
-¡Miguel! -gritó Nadia.
Era Miguel Strogoff.
El correo del Zar había oído las llamadas de Nadia. Guiado por su voz había llegado hasta la habitación, entrando por la puerta que permanecía entreabierta.
-¡No temas, Nadia! -dijo, interponiéndose entre ella e Ivan Ogareff.
-¡Ah! -gritó la joven-. ¡Ten mucho cuidado, hermano! ¡El traidor está armado y ve claro ... !
Ivan Ogareff se había levantado, y creyendo que podía dar buena cuenta del ciego, se lanzó sobre Miguel Strogoff.
Pero, con una mano, el ciego asió el brazo del traidor y con la otra desvió su arma, lanzándolo de nuevo al suelo.
Ivan Ogareff, pálido de furor y de rabia, se acordó que llevaba una espada y, desenvainándola, volvió a la carga.