Miguel Strogoff
Miguel Strogoff Por toda arma el correo del Zar no tenía más que su cuchillo siberiano, y no veía a su adversario, armado con una espada. Esto era cierto. ¿Pero, por qué gracia del cielo parecía dominar al traidor desde una altura increíble? ¿Cómo, casi sin moverse, hacía siempre frente a la punta de la espada?
Ivan Ogareff espiaba con visible ansiedad a su extraño adversario. Esa calma sobrehumana lo intimidaba. En vano hacía llamadas a su razón repitiéndose que en un combate tan desigual toda la ventaja estaba de su parte. Esa inmovilidad del ciego le helaba. Había escogido con la mirada el sitio donde iba a herir a su víctima... y lo había encontrado. ¿Qué le impedía terminar de una vez?