Un Drama en México
Un Drama en México No obstante, siniestros presentimientos asaltaban al señor Orteva. ComprendÃa cuán inminente era el derrumbe de la Marina española, a la que la insubordinación llevaba a la catástrofe. Además, su patriotismo no podÃa soportar los continuos reveses que abrumaban a su paÃs, que habÃan culminado con la revolución de los estados mexicanos. Hablaba algunas veces con el aspirante Pablo de estas graves cuestiones, sobre todo de lo que concernÃa a la antigua supremacÃa de la flota española en todos los mares.
—¡Hijo mÃo! —le dijo un dÃa—. Ya no se conoce la disciplina entre nuestros marineros.
Los sÃntomas de revuelta son especialmente visibles a bordo de mi barco y puede (tengo ese presentimiento) que alguna traición indigna me prive de la vida. Pero tú me vengarás, ¿no es verdad? ¡Y vengarás a la vez a España, a la que se quiere dañar matándome a mÃ!
—¡Se lo juro, capitán Orteva! —respondió Pablo.
—No te enemistes con nadie de a bordo, hijo mÃo, pero acuérdate, cuando llegue el dÃa, que en estos desafortunados tiempos la mejor manera de servir a la patria es vigilar primero, y castigar después, si es posible, a los que quieren hacerla traición.
—¡Le prometo morir, morir si es preciso, con tal de castigar a los traidores! —respondió el aspirante.