Un Drama en México
Un Drama en México —Ya son las seis de la tarde, asà que no le entretengo.
Pablo se retiró.
MartÃnez se quedó solo sobre la toldilla, y dirigió la vista hacia el Asia, que navegaba a la estela del brick. La tarde era magnÃfica y hacÃa presagiar una de esas hermosas noches tropicales, frescas y tranquilas.
El teniente escudriñó entre las sombras a los hombres de la guardia. Distinguió a José y a algunos de los marinos con los que habÃa hablado en la isla de Guaján. Luego se aproximó un momento al hombre que estaba al timón. Le dijo unas palabras en voz baja y eso fue todo.
No obstante, se hubiera podido percibir que la rueda habÃa sido apuntada un poco más a barlovento, de forma que el brick no tardó en acercarse sensiblemente al navÃo de lÃnea.
Contrariamente a las costumbres de a bordo, MartÃnez paseaba contra el viento a fin de observar mejor al Asia. Inquieto y nervioso, apretaba un megáfono en su mano.
De improviso, una detonación se oyó a bordo del navÃo.
A esta señal, MartÃnez saltó sobre el banco de los hombres del cuarto y, con voz potente, ordenó:
—¡Todo el mundo al puente! ¡Cargar las velas bajas!
En ese instante, el capitán Orteva, seguido de sus oficiales, salió de la toldilla y, dirigiéndose al teniente, preguntó: