Un Drama en México
Un Drama en México —Señor Playfair, yo no abrigaba otro propósito que el de reunirme con mi padre cuando me embarqué en el DelfÃn para ir a Charleston donde, por crueles que sean los esclavistas, no habÃan de negar a una hija el triste consuelo de encerrarla en la misma prisión del autor de sus dÃas. Esta era toda mi esperanza; nunca me hubiera atrevido a confiar en el regreso; pero, puesto que su generosidad quiere librar a mi padre de su prisión, puesto que quiere usted intentarlo todo para salvarle, debo testimoniarle mi profundo agradecimiento y rogarle que me permita estrecharle la mano.
Jacobo Playfair no sabÃa qué decir ni qué hacer, se mordÃa los labios, sin atreverse a tomar la mano de la joven. Crockston le habÃa «comprometido» de modo que no pudiera volverse atrás. Sin embargo, no pensaba ni remotamente contribuir a la liberación de mister Halliburtt ni empeñarse en tan arriesgado asunto. Pero, ¿cómo destruir las esperanzas de aquella pobre hija? ¿Cómo convertir en lágrimas de dolor las lágrimas de gratitud que brotaban a raudales de sus ojos? AsÃ, el joven trató de responder con evasivas, para conservar su libertad de acción y no soltar prenda para el porvenir.
—Miss Jenny —dijo —, crea usted que lo harÃa todo en el mundo por…
Y al tomar la pequeña mano de la joven, sintió con aquella dulce presión que el corazón se le derretÃa y perdÃa la cabeza. Le faltaron palabras para acabar de expresar su pensamiento, y balbució: