Un Drama en México
Un Drama en México —¡Mi hija está aquÃ! —gritó el americano, levantándose del banco.
—¡Silencio! —exclamó Crockston—. Dentro de algunos minutos estaremos a salvo.
La embarcación corrÃa velozmente pero algo a la ventura. En medio de la oscuridad, Jacobo no distinguÃa los faroles del DelfÃn. Vacilaba acerca de la dirección que debÃa seguir, y la oscuridad era tal que los marineros no veÃan las extremidades de sus remos.
—¿Qué sucede, señor Jacobo? —dijo Crockston.
—Debemos haber andado más de milla y media —respondió el capitán—. ¿No ves nada, Crockston?
—Nada, y tengo buena vista. Pero ¡bah! ya llegaremos. No saben nada allá abajo.
Aún no habÃa pronunciado estas palabras cuando un cohete rasgó las tinieblas hasta una altura prodigiosa.
—¡Una señal! —exclamó Jacobo Playfair.
—¡Diablo! —dijo Crockston—. Debe venir de la ciudadela. Esperemos.
Otro cohete, y después otro siguieron al primero. Casi en el acto, la misma señal se repitió a una milla de distancia de la embarcación, hacia delante.
—Este viene del fuerte Sumter —exclamó Crockston—, y es la señal de la evasión.
¡Fuerza! ¡De remo! ¡Todo está descubierto!