Un Drama en México
Un Drama en México —No, son alondras.
Excuso decir que Maximon, Duvauchelle, Pontcloué, Matifat y los otros, empezaron a mirarme con malos ojos. Poco a poco se fueron separando de mÃ, con sus perros, los que con el hocico bajo olfateando… y con los rabos levantados… parecÃan signos de interrogación que yo hubiera podido responder.
Se me ocurrió que todos aquellos caballeros no deseaban continuar en los lÃmites de la zona de un novato, cuya escopeta les inquietaba un poco.
—¡Caramba! Tenga usted bien la escopeta —me dijo Bretignot, en el momento que se separaba de mÃ.
—No la tengo peor que otro cualquiera —respondà yo, un poco incomodado por aquel lujo de recomendaciones.
Bretignot se encogió de hombros y se fue a la izquierda; como no deseaba quedarme atrás apreté el paso.