Un hijo adoptivo
Un hijo adoptivo DUMORTIER: ¡Ay! No tengo ese tipo de gallinas de raza en mi granja, que me excuse el Señor Barón, pero en lo que respecta a los huevos, le puedo atestiguar al Señor Barón que éstos han sido recomendados de una manera especial y puestos según sus deseos.
EL BARÓN: Bien, Dumortier. En casa, estoy acostumbrado a hacer pintar mis escudos de armas sobre los huevos que como, pero aquÃ.
DUMORTIER: Lo lamento. Si lo hubiera sabido… Si el Señor Barón…
ISIDORE: (A Dumortier). TÃo, no le hable en tercera persona, que parece su criado.
DUMORTIER: En cuanto a mÃ, yo… (intenta servirle al Barón algo de beber).
EL BARÓN: ¡Perdóneme, usted debe conocer que, fuera de casa, sólo bebo agua!
DUMORTIER: Pero, es del Hermitage de 1834.
EL BARÓN: ¡Veamos! SÃ, no está tan mal.
ISIDORE: Usted debe tener curiosas armas en su escudo de armas, Señor Barón.
EL BARÓN: ¡Efectivamente! ¿Conoce algo acerca del arte heráldico, Sr… Isidore?
ISIDORE: En realidad, nosotros los hombres de leyes estamos forzados a conocer un poco de todo.
EL BARÓN: En efecto, portamos armas, en la mano un estandarte de armiño, que lleva estas terribles palabras como lema: ¡Sálvese si puede!