Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino El día siguiente, 9 de noviembre, desperté después de haber dormido doce horas. Vino Consejo, según su costumbre, para saber “cómo había pasado el señor la noche”, y brindar sus servicios. Al separarse de su amigo el canadiense, éste dormía como un' hombre que no hubiera hecho otra cosa en su vida.
Dejé que el buen muchacho charlara a su antojo, sin responderle gran cosa. Me preocupaba bastante la ausencia del capitán Nemo, que no se había hecho ver durante nuestra reunión de la víspera y con quien pensaba yo encontrarme ese día.
