Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Ned Land remontó la costa hacia el oeste, luego, vadeando algunos lechos de torrentes llegó a una planicie elevada, rodeada de admirables bosques. Unos martín pescadores vagaban por sobre las corrientes, pero no nos dejaron acercarnos. La prudencia que demostraban era una prueba de que esos volátiles sabían a qué atenerse sobre los bípedos de nuestra especie y saqué en conclusión que si la isla estaba deshabitada, por lo menos solían venir a ella seres humanos. Después de haber cruzado una pradera bastante amplia, llegamos al borde de un bosquecillo animado por el canto y el vuelo de gran número de pájaros.
-No hemos encontrado todavía sino pájaros, dijo Consejo.
-¡Pero algunos de ellos se comen!, respondió el arponero.
-De ningún modo, amigo Ned, replicó Consejo, aquí no veo más que papagayos.
-Amigo Consejo, afirmó el canadiense, el papagayo es el faisán de aquellos que no tienen otra cosa en qué hincar el diente.