Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Dejé al capitán en el camarote del moribundo y regresé a mi habitación, muy conmovido por aquella escena. A lo largo de todo el día me agitaron siniestros presentimientos. Por la noche dormí mal y entre mis sueños frecuentemente interrumpidos, me pareció oír lejanos suspiros y como una salmodia fúnebre. ¿Serían las preces por los difuntos, murmuradas en aquel idioma que yo no comprendí? Al día siguiente temprano, subí al puente. El capitán Nemo me había precedido. En cuanto me vio, vino hacia mí.
-Señor profesor, me dijo, ¿le agradaría realizar hoy una excursión submarina?
-¿Con mis compañeros,, pregunté.
-Si ellos lo desean.
-Estamos a sus órdenes, capitán.