Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Cuando quedó hecho esto, el capitán Nemo y sus hombres volvieron a ponerse de pie, luego se acercaron a la tumba, doblaron ante ella una rodilla y todos tendieron la mano en señal de suprema despedida.
Luego el fúnebre cortejo volvió a emprender el camino de regreso al Nautilus, pasando otra vez por debajo de las arcadas del bosque, por medio del monte bajo, a lo largo de las matas de coral, siempre subiendo. Al fin aparecieron las luces de a bordo. El reguero luminoso nos guió hasta la nave. A la una habíamos llegado. En cuanto hubimos cambiado de traje, subí a la plataforma, donde, sumi4o en tremenda obsesión de ideas, fui a sentarme cerca del fanal.
El capitán Nemo se me acercó. Me levanté y le dije:
-¿De modo que, de acuerdo con mis previsiones, el hombre murió la noche última?
-Sí, señor Aronnax, respondió el capitán Nemo.
-¿Y reposa ahora junto a sus compañeros en el cementerio de coral?
-¡Sí, olvidado de todos, pero no de nosotros! ¡Nosotros cavamos la tumba, los pólipos se encargan de sellar en ella a nuestros muertos por toda la eternidad!
Y ocultando con brusco ademán el rostro entre las manos crispadas, el capitán trató en vano de dominar un sollozo. Luego añadió: