Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Entonces, le preguntaré si ha reconocido en las aguas los rastros del famoso pasaje de los israelitas y de la catástrofe de los egipcios.
-No, señor, y por una excelente razón.
-¿Cuál?
-Que en el lugar exacto por el que Moisés pasó con todo su pueblo hay ahora tanta arena que los camellos pueden apenas bañar sus patas. Usted cormprende que mi Nautilus no encontraría agua suficiente.
-¿Y dicho lugar dónde se halla?, pregunté.
-Está situado algo abajo de Suez, en el brazo que formaba antiguamente un profundo estuario, cuando el mar Rojo se extendía hasta los lagos Amargos. Ahora, fuera el pasaje milagroso o no, los israelitas no han dejado de realizarlo para llegar a la tierra prometida, y el ejército del Faraón ha perecido precisamente en ese lugar. Pienso, pues, que excavaciones practicadas en las arenas pondrían en descubierto gran cantidad de armas e instrumentos de origen egipcio.
-Es evidente, respondí, y es de esperar, en favor de los arqueólogos, que tales excavaciones se realicen, tarde o temprano, cuando nuevas poblaciones se establezcan junto al canal de Suez. ¡Un canal inútil para un navío como el Nautilus!