Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -¿Dónde se halla esta montaña volcánica?, pregunté.
-Pertenece a uno de los numerosos islotes de que este mar está sembrado. Simple escollo para los navíos, caverna inmensa para nosotros. El azar me lo ha hecho descubrir, y en esto, el azar me ha servido bien.
-¿Pero no podrían descender por ese orificio que forma el cráter del volcán?
-No, señor profesor. Hasta un centenar de pies, la base interior de esta montaña es practicable, pero por encima las paredes están cortadas a pico, y sus rampas no podrían ser franqueadas.
-Veo, capitán, que la naturaleza lo sirve por doquier y siempre. Usted está en seguridad en este lago, y nadie sino usted puede visitar sus aguas. Pero, ¿para qué este refugio? El Nautilus no tiene necesidad de puerto.
-No, señor profesor, pero tiene necesidad de electricidad para moverse, de elementos para producir su electricidad, de sodio para alimentar sus elementos, de carbón para producir su sodio y de minas de hulla para extraer su carbón. Ahora bien, precisamente aquí, el mar cubre bosques enteros que fueron sepultados en los tiempos geológicos. Mineralizados ahora y transformados en hulla, son para mí una mina inagotable.