Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Cuando haya mezclado esta miel con pasta del artocarpus, nos dijo, estaré en condiciones de ofrecerles un postre suculento.
-¡Ya veo!, dijo Consejo, será algo asà como un turrón.
-Bien por el turrón, dije, pero continuemos nuestro interesante paseo.
Desde ciertos recodos del sendero que seguimos entonces, el lago aparecÃa en toda su extensión. El fanal iluminaba enteramente su tranquila superficie, que no conocÃa el oleaje. El Nautilus se mantenÃa en completa inmovilidad. En la plataforma como en el ribazo se agitaban los hombres de la tripulación, negras sombras recortadas netamente en aquella luminosa atmósfera. Estábamos bordeando entonces la cresta elevada de los primeros planos rocosos que sostenÃan la bóveda. Comprobé que las abejas no eran las únicas representantes del reino animal en el interior del volcán. Pájaros de presa planeaban y daban vueltas aquà y allá en la sombra o huÃan de sus nidos colgados en las salientes de las rocas. Eran gavilanes de vientre blanco y cernÃcalos chillones. En las pendientes escapaban también, con toda la rapidez que les permitÃan sus zancos, bellas y gruesas avutardas,