Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino El 16 de marzo, hacia las ocho de la mañana, el Nautilus, siguiendo el meridiano quincuagésimo quinto, cruzó el cÃrculo polar antártico. Los hielos nos rodeaban por todas partes y cerraban el horizonte. Sin embargo, el capitán Nemo avanzaba de paso en paso seguÃa su ruta, impasible.
-¿Pero a dónde va?, pregunté.
-Siempre adelante, respondió Consejo. Después de todo, cuando no pueda seguir se detendrá.
-¡Yo no pondrÃa las manos en el fuego!, comenté. Y, para ser franco, confesaré que no me desagradaba aquella arriesgada excursión. Hasta qué punto me maravillaban las bellezas de esas regiones nuevas, no sabrÃa expresarlo. Los hielos tomaban aspectos soberbios; aquÃ, formaban en conjunto una ciudad oriental con sus alminares y mezquitas innumerables; allá una ciudad destruida, derrumbada por una convulsión del suelo; apariencias sin cesar variadas por los oblicuos rayos del sol, o perdidas en las brumas grises entre huracanes de nieve.