Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino -Pues bien, señor profesor, respondió el canadiense, tendrá que dejar a un lado tal propósito. Ha llegado hasta la barrera, lo que ya es suficiente, y no podrá ir más allá, como tampoco el capitán Nemo, ni su Nautilus. Que lo quiera o no lo quiera, volveremos hacia el norte, es decir, hacÃa los paÃses de la gente civilizada.
Debo convenir en que no le faltaba razón a Ned y mientras no se construyan navÃos capaces de navegar por sobre los hielos, habrán de detenerse ante la barrera. A la verdad, pese a sus esfuerzos y no obstante los poderosos medios empleados para separar las capas heladas, el Nautilus se vio reducido a la inmovilidad.
Por lo común, quien se halla con un obstáculo que le impide el paso, tiene el recurso de volverse atrás. Pero en aquella ocasión, el regresar era tan poco factible como el avanzar, pues se habÃan cerrado los pasos detrás de nosotros, y por poco que nuestra nave permaneciera quieta, no tardarÃa en quedar bloqueada. Precisamente es lo que ocurrió a eso de las dos de la tarde, dado que el hielo nuevo se condensó a sus costados con sorprendente rapidez. He de admitir que la conducta del capitán parecÃa algo más que imprudente. Yo me hallaba en ese momento en la plataforma. El capitán habÃa estado observando la situación desde un rato antes y me dijo:
-¿Qué piensa usted de esto, señor profesor?