Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Mientras pasaba junto a tan curiosos animales, pude examinarlos a mis anchas, ya que no se alejaban. Tienen piel gruesa y rugosa, de tono leonado tirando a rojo, con pelaje corto y ralo. Algunas llegaban a cuatro metros de largo. Más tranquilas y menos medrosas que sus congéneres del norte, no confiaban a centinelas selectos el cuidado de vigilar las cercanÃas de su campamento.
Luego de haber examinado aquella ciudad de las morsas, me dispuse a regresar. Eran las once y sà el capitán Nemo hallaba condiciones favorables para realizar la observación, yo querÃa estar presente. Sin embargo, no confiaba en que asomara el sol ese dÃa. Las nubes amontonadas en el horizonte lo ocultaban todavÃa a nuestras miradas. Al parecer, el astro celoso no consentÃa en revelar a seres humanos aquel punto inabordable del globo. A pesar de ello, me pareció bien retornar a bordo del Nautilus. Seguimos por un angosto repecho que se extendÃa en la cima del acantilado.