Veinte mil leguas de viaje submarino
Veinte mil leguas de viaje submarino Por eso, el fondo de aquellos mares ofrece el aspecto de un campo de batalla donde yacen los vencidos del océano, los unos antiguos y ya encostrados, los otros recientes, que reflejaban el fulgor de nuestra luz en sus herrajes y carenas de cobre. Entre ellos, ¡cuántos barcos perdidos con sus tripulaciones y su mundo de emigrantes, en los puntos peligrosos que señalan las estadísticas, el cabo Race, la isla de San Pablo, el estrecho de Belle-Ille, el estuario de San Lorenzo!
El 15 de mayo nos hallábamos en el extremo meridional del banco de Terranova. Este banco es un producto de los aluviones marinos, una acumulación considerable de detritos orgánicos, aportados desde el ecuador por la Corriente del Golfo, desde el polo boreal por la contracorriente de agua fría que bordea la costa norteamericana. Allí también se amontonan los bloques erráticos acarreados por él des hielo. Allí se ha formado un gran osario de peces, de moluscos o de zoófitos que perecen en ese lugar a millones.
El mar no es muy profundo junto al banco de Terranova, apenas unas centenas de brazas cuando más; pero hacia el sur se ahonda súbitamente en una depresión de tres mil metros. Y por allí se vuelca el Gulf-Stream esparciendo sus aguas. Algo pierde en velocidad y en temperatura, pero se convierte en un mar.