Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Acabada la ceremonia, nos sentamos a la mesa en número de veinticuatro, y por consiguiente, unos encima de otros, en el verdadero sentido de la expresión. Los más favorecidos no tenÃan más que dos chiquillos en las rodillas.
Sin embargo, a la llegada de la sopa se hizo el silencio en aquel pequeño mundo, e incluso entre los crÃos recobró su imperio la taciturnidad natural. El anfitrión nos sirvió una sopa de liquen nada desagradable, luego un enorme trozo de pescado seco nadando en mantequilla rancia desde hacÃa veinte años, y por consiguiente, preferible a la mantequilla fresca, según las ideas gastronómicas de los islandeses. Con aquello habÃa skyr, especie de leche cuajada, acompañada de galleta sazonada con un jugo de bayas de enebro; finalmente, como bebida, suero de leche con agua, llamado blanda en el paÃs. Si este singular alimento era bueno o no, es algo que no puedo juzgar. TenÃa hambre, y de postre engullà hasta la última gota de una espesa papilla de alforfón.