Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra El desierto se volvÃa a cada paso más desolado; sin embargo, a veces una sombra humana parecÃa huir a lo lejos; si las vueltas del camino nos acercaban inopinadamente a uno de aquellos espectros, yo experimentaba un malestar repentino a la vista de una cabeza hinchada, de piel reluciente, sin pelo, y cubierta de llagas repugnantes que dejaban ver los desgarrones de miserables harapos.
La desventurada criatura no se acercaba para tender su mano deforme; al contrario, escapaba, pero no antes de que Hans la hubiera saludado con el saellvertu habitual.
—Spetelsk —decÃa.
—¡Un leproso! —repetÃa mi tÃo.
«¡Un leproso!», repetÃa mi tÃo.
Y esta sola palabra producÃa su repulsivo efecto. Esa horrible afección de la lepra es bastante común en Islandia; no es contagiosa, sino hereditaria; por lo cual les está prohibido el matrimonio a estos miserables.