Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Al dÃa siguiente, el cielo siguió cubierto; pero el domingo 28 de junio, antepenúltimo dÃa del mes, con el cambio de luna vino el del tiempo. El sol derramó a oleadas sus rayos por el cráter. Cada montÃculo, cada roca, cada piedra, cada aspereza participó de su luminoso efluvio y proyectó instantáneamente su sombra sobre el suelo. Entre todas, la del Scartaris se dibujó como una viva arista y empezó a girar lentamente con el astro radiante.
Mi tÃo giraba con ella.
A mediodÃa, en su proyección más corta, vino a lamer suavemente el borde de la chimenea central.
—¡Ésa es! —gritó el profesor—. ¡Ésa es! ¡Al centro del globo! —añadió en danés.
Yo miré a Hans.
—Forut! —dijo tranquilamente el guÃa.
—¡Adelante! —respondió mi tÃo.
Era la una y trece minutos de la tarde.