Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Toda la dificultad de la ruta consistÃa en no deslizarse con demasiada rapidez por una pendiente que tenÃa una inclinación de unos cuarenta y cinco grados aproximadamente; por suerte, ciertas erosiones y algunos resaltes cumplÃan la función de escalones, y no tenÃamos más que descender soltando nuestros equipajes, sujetos a una larga cuerda.
Pero lo que se convertÃa en escalón bajo nuestros pies se volvÃa estalactita en las demás paredes. La lava, porosa en ciertos lugares, presentaba pequeñas ampollas redondas: cristales de cuarzo opaco, adornados de lÃmpidas gotas de cristal y suspendidos de la bóveda como lámparas, parecÃan encenderse a nuestro paso. Se hubiera dicho que los genios del abismo iluminaban su palacio para recibir a los huéspedes de la Tierra.
—¡Es magnÃfico! —exclamé involuntariamente—. ¡Qué espectáculo, tÃo! ¿No siente admiración por esos tonos de la lava que van del rojo oscuro al amarillo resplandeciente a través de insensibles gradaciones? ¿Y esos cristales que se presentan como globos luminosos?
—¡Por fin, Axel! —respondió mi tÃo—. ¡Por fin te parece esto espléndido, muchacho! Espero que veas muchas otras maravillas. Adelante, caminemos.