Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Más precisamente hubiera debido decir «resbalemos», porque nos dejábamos deslizar sin esfuerzo por las pendientes inclinadas. Era el facilis descensus Averni de Virgilio. La brújula, que consultábamos frecuentemente, indicaba dirección sureste con imperturbable rigor. Aquella corriente de lava no se desviaba ni a un lado ni a otro. Tenía la inflexibilidad de la línea recta.
Mientras tanto el calor no aumentaba de forma sensible. Lo cual daba la razón a las teorías de Davy, y más de una vez consulté el termómetro con asombro. Dos horas después de la partida aún no marcaba más que 10°, es decir, un incremento de 4°. Esto me autorizaba a pensar que nuestro descenso era más horizontal que vertical. En cuanto a saber exactamente la profundidad alcanzada, nada más fácil. El profesor medía exactamente los ángulos de desviación y de inclinación del camino, pero se guardaba para sí el resultado de sus observaciones.