Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra El profesor sacudió la cabeza como hombre que no quiere convencerse. Traté de reanudar la conversación. No me respondió y dio la señal de partida. Me di cuenta de que su silencio no era más que malhumor concentrado.
Sin embargo, yo había vuelto a cargar mi fardo con buen ánimo, y seguía rápidamente a Hans, a quien precedía mi tío. Tenía cuidado de no distanciarme. Mi gran preocupación era no perder de vista a mis compañeros. Temblaba ante la idea de perderme en las profundidades de aquel laberinto.
Además, aunque la ruta ascendente se volvía más penosa, me consolaba pensando que me acercaba a la superficie de la Tierra. Era una esperanza. Cada paso lo confirmaba, y me alegraba ante la idea de volver a ver a mi pequeña Graüben.
A mediodía se produjo un cambio de aspecto en las paredes de la galería. Percibí el debilitamiento de la luz eléctrica reflejada por los muros. Al revestimiento de lava sucedía la roca viva. El macizo se componía de capas inclinadas y a menudo dispuestas verticalmente. Estábamos en plena época de transición, en pleno período silúrico[14].