Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra De ahí la conclusión de que las altas temperaturas no provenían de ese nuevo foco. Quizá el astro del día aún no estaba dispuesto para jugar su papel resplandeciente. Los «climas» no existían todavía y un calor tórrido se difundía por toda la superficie de la Tierra, igual en el ecuador que en los polos. ¿De dónde procedía? Del interior del planeta.
A pesar de las teorías del profesor Lidenbrock, un fuego violento anidaba en las entrañas del esferoide; su acción se dejaba sentir hasta las últimas capas de la corteza terrestre; las plantas, privadas de los bienhechores efluvios del sol, no daban ni flores ni perfumes, pero sus raíces extraían una vida poderosa de los terrenos ardientes de los primeros días.
Había pocos árboles, sólo plantas herbáceas, inmensos céspedes, helechos, licopodios, sigilarias, asterofilites, familias raras cuyas especies se contaban entonces por millares.
Y precisamente a esta exuberante vegetación debe su origen la hulla. La corteza todavía elástica del globo obedecía a los movimientos de la masa líquida que lo recubría. De ahí las numerosas fisuras y hundimientos. Las plantas, arrastradas bajo las aguas, formaron poco a poco considerables acumulaciones.