Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Eso era lo que mi tÃo se iba a perder por un viejo papel. Y yo, desde luego, en calidad de sobrino abnegado, me creà obligado a comer por ambos al mismo tiempo. Y lo hice a conciencia.
—¡Jamás he visto nada parecido! —decÃa Marthe—. ¡El señor Lidenbrock no está en la mesa!
—¡Es increÃble!
—Esto presagia algún acontecimiento grave —proseguÃa la vieja sirvienta moviendo la cabeza. En mi opinión, aquello no presagiaba nada, sino una escena espantosa cuando mi tÃo encontrase su comida devorada.
Estaba yo con mi última gamba cuando una voz estentórea me arrancó de las voluptuosidades del postre. Sólo necesité dar un salto para pasar del comedor al gabinete.