Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Sin contar con que, si una vertical de dieciséis leguas exige una horizontal de ochenta, el conjunto sumará ocho mil leguas en dirección sureste, y será preciso que antes de alcanzar el centro hayamos salido por un punto de la circunferencia.
—¡Al diablo con tus cálculos! —replicó mi tÃo con un gesto de cólera—. ¡Al diablo con tus hipótesis! ¿En qué se apoyan? ¿Quién te dice que este pasadizo no va directamente a nuestra meta? Además, tengo un precedente. Lo que yo hago, ya lo ha hecho otro, y si él ha tenido éxito, yo también lo tendré.
—Eso espero, pero, en fin, me está permitido…
—Te está permitido callarte, cuando quieras desbarrar de esa forma, Axel.
Comprendà que el terrible profesor amenazaba con reaparecer bajo la piel del tÃo, y me di por avisado.
—Ahora —continuó—, consulta el manómetro. ¿Qué indica?
—Una presión considerable.
—Bien. Como ves, al descender suavemente nos habituamos poco a poco a la densidad de esta atmósfera y no sufrimos nada.
—Nada, salvo algún dolor de oÃdos.
—Eso no es nada, y conseguirás hacer desaparecer ese malestar poniendo en comunicación rápidamente el aire del exterior con el aire contenido en tus pulmones.