Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —De acuerdo —respondÃ, completamente decidido a no llevar la contraria a mi tÃo—. Se siente, incluso, un verdadero placer en zambullirse en esta atmósfera más densa. ¿Ha notado usted con qué intensidad se propaga en ella el sonido?
—Desde luego. Un sordo terminarÃa por oÃr aquà de maravilla.
—Pero sin duda esta densidad aumentará.
—SÃ, siguiendo una ley no bien determinada. Es cierto que la intensidad de la gravedad disminuirá a medida que descendamos. Ya sabes que es en la superficie misma de la Tierra donde su acción se deja sentir más vivamente, y que en el centro del globo los objetos ya no pesan.
—Lo sé; pero dÃgame, ¿este aire no terminará por adquirir la densidad del agua?
—Sin duda, a una presión de setecientas diez atmósferas.
—¿Y más abajo?
—Más abajo esa densidad continuará aumentando.
—¿Cómo descenderemos entonces?
—Nos meteremos piedras en los bolsillos.
—Desde luego, tÃo, tiene usted respuestas para todo.
No me atrevà a seguir más tiempo en el campo de las hipótesis, porque habrÃa chocado con alguna imposibilidad que harÃa saltar al profesor.