Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Era evidente, sin embargo, que el aire, a una presión que podÃa alcanzar millares de atmósferas, terminarÃa por pasar al estado sólido, y entonces, admitiendo que nuestros cuerpos resistieran, tendrÃamos que detenernos a pesar de todos los razonamientos del mundo.
Pero no hice valer este argumento. Mi tÃo me habrÃa contestado con su eterno Saknussemm, precedente sin valor, porque aun dando por sentado el viaje del islandés, habÃa una respuesta sencilla: en el siglo XVI, ni el barómetro ni el manómetro estaban inventados; por tanto, ¿cómo habÃa podido determinar Saknussemm su llegada al centro del globo?
Pero me guardé esta observación para mÃ, y esperé acontecimientos.
El resto del dÃa transcurrió en cálculos y conversación. Di siempre la razón al profesor Lidenbrock, y envidié la perfecta indiferencia de Hans que, sin buscar efectos ni causas, se dejaba ir ciegamente donde le llevaba el destino.