Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Cuando volvà a la vida, mi rostro estaba mojado, pero de lágrimas. ¿Cuánto duró aquel estado de insensibilidad? No sabrÃa decirlo. Ya no tenÃa medio alguno de darme cuenta del tiempo. Nunca hubo soledad semejante a la mÃa, jamás abandono tan completo.
Después de mi caÃda, habÃa perdido mucha sangre. ¡Me sentÃa empapado en ella! ¡Ay, cuánto lamentaba no haber muerto, «y que todavÃa tuviese que hacer eso»! No querÃa pensar más. Abandoné cualquier idea, y vencido por el dolor, me acurruqué junto a la pared opuesta.
Ya sentÃa que el desvanecimiento se apoderaba de nuevo de mà y con él el aniquilamiento supremo, cuando un ruido violento vino a golpear en mis oÃdos. Se parecÃa al ruido prolongado del trueno, y oà las ondas sonoras perderse poco a poco en las lejanas profundidades del abismo.
¿De dónde provenÃa aquel ruido? De algún fenómeno, sin duda, que se operaba en el seno del macizo terrestre. La explosión de un gas, o la caÃda de algún potente asentamiento del globo.
Seguà escuchando. Quise saber si aquel ruido se repetirÃa. Pasó un cuarto de hora. El silencio reinaba en la galerÃa. OÃa incluso los latidos de mi corazón.
De pronto mi oÃdo, aplicado por casualidad sobre el muro, creyó sorprender palabras vagas, imperceptibles, lejanas. Me estremecÃ.