Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra «¡Es una alucinación!» pensé.
Pero no. Escuchando con más atención, oà realmente un murmullo de voz. Pero comprender lo que se decÃa fue lo que no me permitió mi debilidad. Sin embargo, hablaban. Estaba seguro.
Por un instante sentà el temor de que aquellas palabras fuesen mÃas, devueltas por un eco. Quizá sin saberlo yo mismo habÃa gritado. Apreté los labios con fuerza y arrimé de nuevo el oÃdo a la pared.
—SÃ, es cierto, están hablando, están hablando.
Y avanzando algunos pies a lo largo de la muralla escuché con toda claridad. Logré captar palabras inciertas, extrañas, incomprensibles. Me llegaban como si fueran pronunciadas en voz baja, murmuradas por asà decir. La palabra forloräd era repetida varias veces con un acento de dolor.
¿Qué significaba? ¿Quién la pronunciaba? Evidentemente mi tÃo o Hans. Pero si yo las oÃa, ellos podrÃan escucharme.
—¡A mÃ! —grité con todas mis fuerzas—. ¡Socorro!
Escuché, aceché una respuesta en la sombra, un grito, un suspiro. No se oyó nada. Pasaron algunos minutos. Todo un mundo de ideas se habÃa abierto en mi espÃritu. Pensé que mi voz debilitada no podÃa llegar hasta mis compañeros.