Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Esperé con la mayor ansiedad. El sonido no tiene una rapidez extremada. La densidad de las capas de aire no aumenta siquiera su velocidad; sólo su intensidad. Algunos segundos, siglos, transcurrieron, y por fin llegaron a mi oÃdo estas palabras:
—¡Axel, Axel!, ¿eres tú?
«¡Axel, Axel!, ¿eres tú?».
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—¡SÃ, sÃ! —respondÃ.
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—Hijo mÃo, ¿dónde estás?
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—¡Perdido, en la más completa oscuridad!
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—¿Y tu lámpara?
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—Apagada.
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—¿Y el riachuelo?
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—Desaparecido.
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—¡Axel, mi pobre Axel, ten ánimo!
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—¡Espere un poco, estoy agotado. No tengo ya fuerzas para responder! ¡Pero hábleme!
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