Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra «Es un rayo de luz —pensé— que se desliza por la hendidura de las rocas. ¡Eso es el murmullo de las olas! ¡Y eso el silbido de la brisa! ¿Me equivoco o hemos vuelto a la superficie de la Tierra? ¿Ha renunciado mi tÃo a su expedición o la habrá terminado felizmente?».
Me planteaba estas cuestiones insolubles cuando el profesor entró.
—Buenos dÃas, Axel —dijo jovialmente—. ApostarÃa que ya estás bien.
—Por supuesto —dije, incorporándome sobre las mantas.
—Asà debÃa ser, porque has dormido tranquilamente. Hans y yo nos hemos relevado para velarte, y hemos visto que tu curación hacÃa sensibles progresos.
—En efecto, me siento revigorizado, y la prueba es que haré honor al desayuno que tenga a bien servirme.
—¡Comerás, muchacho! Ya no tienes fiebre. Hans te ha frotado las heridas con no sé qué ungüento cuyo secreto poseen los islandeses, y han cicatrizado a las mil maravillas. Nuestro cazador es un gran hombre.
Mientras hablaba, mi tÃo preparaba algunos alimentos que me apresuré a devorar a pesar de sus recomendaciones. Durante este tiempo le abrumé a preguntas, que me respondió al momento.