Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Acepté con entusiasmo, y comenzamos a bordear aquel nuevo océano. A la izquierda, unas rocas abruptas que trepaban unas sobre otras, formaban un amontonamiento titánico de efecto prodigioso. Por sus flancos corrÃan innumerables cascadas que fluÃan en capas lÃmpidas y sonoras. Algunos ligeros vapores, saltando de roca en roca, señalaban el lugar de las fuentes termales, y unos riachuelos se deslizaban suavemente hacia el depósito común, buscando en las pendientes ocasión para murmurar de modo más agradable.
Entre aquellos riachuelos reconocà a nuestro fiel compañero de ruta, el Hans-bach, que iba a perderse tranquilamente en el mar, como si no hubiera hecho nunca otra cosa desde el comienzo del mundo.
—Ya no vendrá con nosotros —dije en un suspiro.
—¡Bah! —respondió el profesor—. Él u otro, ¿qué más da?
La respuesta me pareció algo ingrata.