Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra A mediodÃa Hans prepara un anzuelo en el extremo de una cuerda. Lo ceba con un trozo de carne y lo lanza al mar. Durante dos horas no coge nada. ¿Son acaso aguas deshabitadas? No. Se produce un tirón. Hans saca su caña y recoge un pez que se debate vigorosamente.
—¡Un pez! —exclama mi tÃo.
—Es un esturión —digo a mi vez—, un esturión de pequeño tamaño.
El profesor mira atentamente el animal y no comparte mi opinión. El pez tiene la cabeza lisa, redondeada, y la parte anterior del cuerpo cubierta de placas óseas; su boca carece de dientes; sus aletas natatorias pectorales, bastante desarrolladas, están ajustadas a su cuerpo, desprovisto de cola. Ese animal pertenece a un orden en el que los naturalistas han clasificado al esturión, pero que difiere de él en aspectos bastante esenciales.
Mi tÃo no se engaña, porque tras un breve examen dice:
—Este pez pertenece a una familia extinguida hace siglos, cuyas huellas solamente se encuentran en terrenos devónicos.
—¿Cómo? —digo—; ¿habremos conseguido coger vivo a uno de esos habitantes de los mares primitivos?