Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Todo este mundo fósil renace en mi imaginación. Me transporto a las épocas bíblicas de la creación, mucho antes del nacimiento del hombre, cuando la Tierra incompleta aún no era todavía suficiente para él. Mi sueño se adelanta a la aparición de los seres animados. Los mamíferos desaparecen, luego los pájaros, luego los reptiles de la época secundaria, y, por último, los peces, los crustáceos, los moluscos, los artrópodos. Los zoofitos del período de transición también vuelven a la nada. Toda la vida de la Tierra se resume en mí, y mi corazón es el único que late en este mundo despoblado. Ya no hay estaciones; tampoco climas; el calor propio del globo aumenta sin cesar y neutraliza el del astro radiante. La vegetación se desmesura. Paso como una sombra en medio de helechos arborescentes, pisando con mi pie inseguro las margas irisadas, las gredas abigarradas del suelo; me apoyo en el tronco de coníferas inmensas; me tumbo a la sombra de los esfenófilos, de los asterófilos y de licopodios de cien pies de alto.