Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Aquà está, en esa roca, en perfecto estado, lo mismo que el cronómetro y los termómetros. ¡Ah, el cazador es un hombre que vale lo que pesa!
HabÃa que reconocerlo; en lo que se refiere a instrumentos, no faltaba nada. En cuanto a las herramientas y a los ingenios, vi esparcidas por la arena escalas, cuerdas, picos, piquetas, etcétera.
Sin embargo, quedaba todavÃa por dilucidar la cuestión de los vÃveres.
—¿Y las provisiones? —pregunté.
—Veamos las provisiones —respondió mi tÃo.
Las cajas que las contenÃan estaban alineadas sobre la arena en perfecto estado de conservación; el mar las habÃa respetado en su mayorÃa; en resumidas cuentas, en cuanto a galletas, carne salada, ginebra y pescado seco, podÃamos contar todavÃa con cuatro meses de vÃveres.
—¡Cuatro meses! —exclamó el profesor—. Tenemos tiempo de ir y volver. ¡Y con lo que sobre quiero dar una gran cena a todos mis colegas del Johannaeum!
Yo deberÃa estar acostumbrado al temperamento de mi tÃo desde hacÃa mucho tiempo, y, sin embargo, aquel hombre continuaba sorprendiéndome.