Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Era la vegetación de la época terciaria en toda su magnificencia. Grandes palmeras de especies hoy desaparecidas, soberbios palmacitos, pinos, tejos, cipreses y tuyas representaban a la familia de las coníferas y se unían entre sí por una red de lianas inextricables. Una alfombra de musgos y de hepáticas revestía blandamente el suelo. Algunos arroyos murmuraban bajo aquellas umbrías, poco dignas de tal nombre, puesto que no producían sombra. En sus bordes crecían helechos arborescentes semejantes a los de los cálidos invernaderos del globo habitado. Sólo les faltaba el color a aquellos árboles, a los arbustos y a las plantas privadas del vivificante calor del sol. Todo se confundía en un tinte uniforme, pardusco y como pasado. Las hojas estaban desprovistas de verdor, y las mismas flores, tan numerosas en la época terciaria que las vio nacer, sin colores y sin perfumes parecían hechas de un papel descolorido por la acción de la atmósfera.
Era la vegetación de la época terciaria en toda su magnificencia.