Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Mi tío Lidenbrock se aventuró bajo aquella gigantesca espesura. Yo le seguí no sin cierta aprehensión. Si la naturaleza había producido allí una alimentación vegetal, ¿por qué no iban a existir mamíferos temibles? En los amplios claros que dejaban los árboles abatidos y roídos por el tiempo vi leguminosas, acerinas, rubiáceas y mil arbustos comestibles, caros a los rumiantes de todos los períodos. Luego aparecían, confundidos y entremezclados, árboles de comarcas diferentes de la superficie del globo, la encina creciendo junto a la palmera, el eucalipto australiano apoyándose en el abeto de Noruega, el abedul del norte confundiendo sus ramas con las del kauris neozelandés. Aquello era como para volver locos a los clasificadores más ingeniosos de la botánica terrestre.
De pronto me detuve. Agarré a mi tío.