Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Axel —prosiguió—, estamos en el camino de un gran descubrimiento. Esta hoja ha permanecido abandonada sobre la arena desde hace cien, doscientos, trescientos años, y se ha mellado en las rocas de este mar subterráneo.
—Pero no ha venido sola —exclamé—; no se ha mellado sola, alguien nos ha precedido…
—¡SÃ! Un hombre.
—¿Y ese hombre?
—¡Ese hombre ha grabado su nombre con este puñal! Ese hombre ha querido marcar una vez más con la mano la ruta del centro. ¡Busquemos, busquemos!
Y profundamente interesados recorrimos la alta muralla, indagando en las menores fisuras que pudieran convertirse en galerÃa.
Llegamos asà a un lugar en que la orilla se estrechaba. El mar casi iba a bañar el pie de los contrafuertes, dejando un pasadizo de una toesa de ancho como máximo. Entre dos salientes de roca se percibÃa la entrada de un túnel oscuro.
AllÃ, sobre una placa de granito aparecÃan dos letras misteriosas medio roÃdas, las dos iniciales del audaz y fantástico viajero:

—¡A. S.! —exclamó mi tÃo—. ¡Arne Saknussemm! ¡Siempre Arne Saknussemm!