Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —No, no —contesté apasionadamente—. Este trozo de roca ha taponado el paso repentinamente a consecuencia de un desprendimiento o por alguno de esos fenómenos magnéticos que agitan la corteza terrestre. Entre el regreso de Saknussemm y la caÃda de este bloque han transcurrido muchos años. ¿No es evidente que esta galerÃa fuera antaño el camino de las lavas y que entonces las materias eruptivas circulaban por ella libremente? Mire, hay fisuras recientes que surcan ese techo de granito; está hecho de piezas amontonadas, de piedras enormes, como si la mano de algún gigante hubiera trabajado en esta construcción; pero un dÃa, el empuje fue más fuerte, y el bloque, semejante a una clave de bóveda que quedara suelta, se deslizó hasta el suelo obstruyendo el paso. Es un obstáculo accidental que Saknussemm no encontró, y si nosotros no lo superamos somos indignos de llegar al centro de la Tierra.
¡Asà hablaba yo! El espÃritu del profesor habÃa pasado por entero a mi cuerpo. Me inspiraba el genio de los descubrimientos. Olvidaba el pasado, despreciaba el futuro. Para mà ya no existÃa nada en la superficie de aquel esferoide en cuyo seno me habÃa internado, ni las ciudades, los campos, Hamburgo, Königstrasse o mi pobre Graüben, que debÃa creerme perdido para siempre en las entrañas de la Tierra.