Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra ¡Se comprenderá mi emoción! Mis ojos se enturbiaron. No podÃa servirme de ellos. HabÃa extendido la hoja de papel sobre la mesa. Me bastaba echar una ojeada para convertirme en poseedor del secreto.
Por fin conseguà calmar mi agitación. Me impuse la obligación de dar dos vueltas a la habitación para aplacar mis nervios, y volvà a hundirme en el amplio sillón.
«Leamos», me dije, tras haber llenado mis pulmones con una abundante provisión de aire.
Me incliné sobre la mesa, puse sucesivamente mi dedo en cada letra y sin detenerme, sin vacilar un instante, pronuncié en alta voz la frase entera.
Mas ¡qué asombro, qué terror me invadió! Al principio quedé como herido por un golpe súbito. ¡Cómo! ¡Lo que acababa de saber se habÃa realizado! Un hombre habÃa tenido suficiente audacia para penetrar…
—¡Ah! —exclamé dando un salto—. ¡No, no, mi tÃo no lo sabrá! ¡Sólo faltarÃa que llegara a conocer semejante viaje! ¡QuerrÃa probar él también! Nada podrÃa detenerle. ¡Un geólogo tan decidido! ¡PartirÃa a pesar de todo, a despecho de todos! ¡Y me llevarÃa con él, y no volverÃamos! ¡Nunca, nunca!
Me hallaba en un estado de sobreexcitación difÃcil de describir.