Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra En el momento en que el chiquillo iba a emprender la fuga, Hans corrió tras él y lo trajo, pese a sus gritos y patadas.
Mi tÃo comenzó por tranquilizarle lo mejor que pudo, y le dijo en buen alemán:
—¿Cómo se llama esta montaña, pequeño?
El niño no respondió.
—Bueno —dijo mi tÃo—, no estamos en Alemania.
Y volvió a repetir la misma pregunta en inglés. El niño tampoco respondió. Yo estaba muy intrigado.
—¿Será mudo? —exclamó el profesor que, muy orgulloso de su poliglotismo, repitió la misma pregunta en francés.
El niño siguió en silencio.
—Intentémoslo en italiano —prosiguió mi tÃo, y dijo en esa lengua:
—Dove noi siamo?
—SÃ, ¿dónde estamos? —repetÃa yo con impaciencia.
El niño seguÃa sin responder.
—¡Ah, vas a hablar! —exclamó mi tÃo, a quien comenzaba a dominar la cólera, sacudiendo al niño por las orejas—. Come si noma questa isola?
—Stromboli —respondió el pastorcillo, que escapó de las manos de Hans y ganó la llanura entre los olivos.