Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra ¡Ni siquiera se nos habÃa ocurrido! ¡El Stromboli! ¡Qué efecto produjo en mi imaginación ese nombre inesperado! Estábamos en pleno Mediterráneo, en medio del archipiélago eolio de mitológica memoria, en la antigua Strongyle, donde Eolo encadenaba los vientos y las tempestades. Y aquellas montañas azules que se redondeaban hacia levante eran las montañas de Calabria. Y aquel volcán erguido en el horizonte del sur, el Etna, el feroz Etna.
—¡Stromboli! ¡Stromboli! —repetÃa yo.
Mi tÃo me acompañaba con sus gestos y sus palabras. ParecÃa como si estuviéramos cantando a coro.
¡Ah, qué viaje! ¡Qué maravilloso viaje! ¡HabÃamos entrado por un volcán y salÃamos por otro, y este otro estaba situado a más de doscientas leguas del Sneffels, de la árida Islandia perdida en los confines del mundo! Los azares de aquella expedición nos habÃan transportado al seno de las más armoniosas comarcas de la Tierra. ¡HabÃamos cambiado la región de las nieves eternas por las del verdor infinito, dejando por encima de nuestras cabezas la bruma grisácea de las zonas heladas para volver al cielo azulado de Sicilia!