Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra Durante mi excursión encontré pocas personas. Al volver a la calle comercial, vi a la mayor parte de la población ocupada en secar, salar y enfardar bacalao, principal artÃculo de exportación. Los hombres parecÃan robustos, pero pesados, una especie de alemanes rubios de mirada pensativa, que se sienten algo marginados de la humanidad, pobres exilados relegados a esta tierra de hielo, de quienes la naturaleza debió hacer esquimales, puesto que los condenaba a vivir en el lÃmite del cÃrculo polar. En vano traté de sorprender una sonrisa en su rostro; reÃan a veces mediante una especie de contracción involuntaria de los músculos, pero no sonreÃan jamás.
Su ropa consistÃa en una basta blusa de lana negra, conocida en los paÃses escandinavos con el nombre de vadmel, un sombrero de ala ancha, un pantalón de rayas rojas y, haciendo las veces de calzado, un trozo de cuero doblado.
Las mujeres, de cara triste y resignada, de tipo bastante agradable, pero sin expresión, vestÃan con un corpiño y una falda de vadmel oscuro; las muchachas solteras llevaban sobre sus cabellos trenzados en guirnaldas un pequeño gorro de punto marrón; las casadas rodeaban su cabeza con un pañuelo de color, rematado por una cofia de tela blanca.