Viaje al centro de la tierra
Viaje al centro de la tierra —Y ahora —prosiguió éste—, si quiere indicarme los libros que esperaba encontrar en nuestra biblioteca, quizá pueda informarle sobre ellos.
Miré a mi tÃo. Dudó en contestar. Aquello afectaba directamente a sus proyectos. Sin embargo, tras haber reflexionado, se decidió a hablar.
—Señor Fridriksson —dijo—, quisiera saber si entre las obras antiguas poseen las de Arne Saknussemm.
—¡Arne Saknussemm! —respondió el profesor de Reikiavik—. ¿Se refiere usted a ese sabio del siglo XVI que era a la vez gran naturalista, gran alquimista y gran viajero?
—Exactamente.
—¿A una de las glorias de la literatura y de la ciencia islandesa?
—Asà es.
—¿Un hombre ilustre entre todos?
—Lo concedo.
—¿Y cuya audacia iguala a su genio?
—Veo que le conoce usted bien.
Mi tÃo rebosaba de alegrÃa al oÃr hablar asà de su héroe. Devoraba con los ojos al señor Fridriksson.
—Y bien —preguntó—, ¿sus obras?
—Ay, sus obras no las tenemos.
—¡Cómo! ¿En Islandia?